Beatriz Vignoli

Página 12 - 2020


En la Modernidad, las representaciones de la naturaleza ingresan al arte cuando otras actividades humanas amenazan con destruirla por completo. Manos anónimas, o no tanto, queman los humedales de las islas entre la asfixia ciudadana y la desidia estatal; mientras tanto, en la galería rosarina Subsuelo (Balcarce 238), Alicia Nakatsuka repite la proeza de Jean Gobelins, John Constable y "el Aduanero" Rousseau: crear imágenes que exaltan una naturaleza en peligro.

La muestra se titula Selva y trasciende la noción de paisaje, desplegando técnicas pictóricas y textiles en lógicas de intervención y montaje. Contigua a las pinturas, la sala textil desarrolla una tensión dialéctica notable entre naturaleza y cultura. Advierte el curador Daniel García en su texto que "Un estilo de tapicería tardogótica, desarrollado principalmente en Francia y Flandes a fines del siglo XV y comienzos de XVI, se denomina millefleurs (de las mil flores)". Las abuelas de una clase media rosarina en ascenso pudieron lucir en sus hogares alguna imitación de aquellos tapices llamados gobelinos en honor al tintorero Gobelins, tejidos entre la modernidad temprana y el barroco tardío en la Manufacture Royale des Gobelins de París. Son estos tapices, sus fragmentos tensados en intempestivos marcos dorados, los que la artista interviene con bordados multicolores, creando la ilusión de que la naturaleza virgen irrumpe como una alucinación de tonos vibrantes entre sus representaciones decorativas, domesticadas.

Tal es el caso de una obra significativamente titulada "Escenario de un sueño exótico"; significativamente, ya que lo exótico es una categoría estética colonial a deconstruir. Ser consciente del artificio que constituye el gusto kitsch pequeñoburgués es una manera de liberar las energías vitales que la cultura, o el malestar en la cultura (en el sentido europeo de kultur) limita y contiene. Una selva no es un jardín, discierne el curador: "Selva, entonces, a diferencia de jardín o paraíso, nos refiere a lugares en los que nuestra presencia no está presupuesta. Lugares salvajes en los que nosotros, los hombres, estamos ausentes, o al menos, donde las cosas no están dispuestas para nuestro uso. De hecho, las nuevas pinturas de Alicia nos presentan un espacio colmado, impenetrable, al que solo podemos asomarnos. Nos maravilla, pero es inaccesible".

Cuando las artes empezaron a expresar el malestar en la cultura y la crisis en ciernes de la Modernidad, entre los siglos XIX y XX, el poeta Charles Baudelaire postuló la paradoja de "una floresta de símbolos". La vanguardia surrealista, descendiente rebelde de la poesía simbolista, halló en el sueño energías revolucionarias con que romper los límites del racionalismo. Traer a colación páginas polvorientas de algún manual de historia del arte moderno nos ayuda a leer la obra de Nakatsuka desde un gesto en presente, una pregunta literalmente candente: ¿por qué quemamos las islas, por qué las dejamos arder? La palabra 'paisaje' comparte raíz etimológica con 'página': es algo plano, un protector de pantalla intercambiable. El delta, desde la ciudad, se ve como paisaje. La mirada de Nakatsuka se adentra en las tramas vivas de lo natural y si bien construye una representación artificial, no realista ni biologicista, nos permite avistar en sus pinturas el íntimo espacio tupido del monte cerrado, el de la naturaleza como territorio, donde el aguará guazú y la garza protagonizan un teatro que es y no es lo que dice ser; un teatro barroco, al fin de cuentas. Un barroco americano.

Alicia Nakatsuka nació en 1984 en Garuhapé, localidad de la provincia de Misiones; reside desde 2005 en Rosario, donde egresó como profesora y licenciada en Bellas Artes de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario, en la que trabaja como docente. Hizo clínica de obra con Norma Rojas, Cynthia Kampelmacher y Daniel García. Ganó el premio Artista santafesino en el Salón de Pintura Vicentín (2018). Sobre su instalación sonora, objetual y pictórica titulada De las flores que crecen mientras duermen (Centro de Expresiones Contemporáneas, Rosario, 2015), Nakatsuka escribió: "Es absolutamente necesario que las flores tengan mariposas, que las colinas tengan manantiales, que las rocas tengan musgos, que los árboles sostengan enredaderas". Ojalá que sus hermosas imágenes de la flora y fauna silvestres nos sensibilicen a tiempo para frenar el ecocidio.

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